El atardecer ya iluminaba la habitación con tonos dorados y naranjas cuando la puerta de la habitación del príncipe de Gless se abrió y la reina entró. Lyon notó la expresión tensa de su madre tensa y eso lo puso en alerta. Se suponía que ella debía estar en la otra habitación. Ayudando a Ashary, pero no. Estaba allí. Acaso le había ocurrido algo al omega. Desde el incidente de Milan en la mañana y que habían terminado besándose antes de que lo mandaran a llamar para que se preparara para saludar a los invitados, no había visto a su pareja. Ni siquiera porque estaba a unos metros.
Maldito protocolo.
-¿Ocurre algo?- terminó de abrochar los botones de su chaqueta a juego con la vestimenta que se pondría Ashary.
Ella apretó los labios.
-Ashary no quiere que lo vistamos- expresó ella con la boca apretada y una mirada triste- Con la ilusión que me hacía arreglarlo.
El cuerpo entero de Lyon se tensó a tal punto que Charles que ayudaba de acomodarle el resto de la vestimenta lo notó
-¿No qui