Teresa, vestida con elegancia, resplandecía bajo la luz de la noche mientras caminaba. Su mirada se posó en Carlos, quien yacía borracho a un lado, luego me miró y tomó mi mano, queriendo guiarme hacia el auto.
—Mamá.
Retiré la mano, sin intención de subir, esforzándome por mantenerme firme.
—Olivia, a esta hora, en la casa vieja, su padre ya está dormido, y no puedo llevarlo allí. Llévalo a Villa del Sol; tampoco hay empleados allá, y yo sola no puedo cuidarlo. ¿Por qué no me haces ese favor