La lluvia, mezclada con el sabor a sangre, se filtraba en mi boca. Carlos parecía haber perdido el control también; jaló con fuerza su muñeca, que yo tenía mordida, y sin previo aviso me levantó en brazos, llevándome hacia su coche.
Apenas dio dos pasos cuando un bate de béisbol cayó sobre él.
Carlos, al intentar esquivar el golpe, perdió el equilibrio y pisó un charco, manchando sus costosos pantalones de traje con lodo.
Siempre había sido extremadamente cuidadoso con su imagen, y en ese mom