El ambiente cargado de insinuaciones llenó el coche, mientras Carlos tomaba mi mano y la deslizaba hacia su entrepierna.
Aquí ya no estaba el Carlos frío y distante, sino uno dominado por el deseo, un Carlos que no había tenido sexo en mucho tiempo.
Su cuerpo ardía y no podía esperar para despojarnos a ambos de la ropa en el coche, buscando liberarse de la necesidad.
El olor a alcohol aún salía de su boca, y su presencia me quemaba, pero aún conservaba algo de cordura, apenas capaz de mantene