—¿Qué empresa? —le pregunté a Néstor.
—Ah, una empresa de tecnología.
Aún no lo entendía completamente, ni sabía qué más preguntar. Solo pude hacer la pregunta más básica: —¿Es difícil?
Hizo una mueca: —No tanto.
Lo miré fijamente, como si en ese momento mi vista se hubiera quedado atrapada en él.
Por un instante, solo lo veía a él, pero no podía responderle.
No era difícil imaginar cuántas veces Néstor tuvo que hablar con su papá para que él cediera, o que salvar una empresa que había est