Capítulo 248
Por la noche, cuando estaba a punto de dormir, escuché un sonido como si algo estuviera rascando la puerta.

Pensé que sería algún gatito o perrito perdido, pero al mirar por la rendija de la puerta, vi a Carlos, con el cuello ligeramente inclinado hacia arriba, la nuez de Adán subiendo y bajando, y los ojos completamente rojos mientras me miraba.

El olor a alcohol se mezclaba con la humedad de la lluvia, envolviéndome al instante.

Retrocedí dos pasos y abrí la puerta. Su cuerpo ya no tenía ap
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