Pateé el brazo de Carlos con el pie, y su brazo resbaló hasta el suelo.
Estaba febril, su frente estaba ardiendo. Le di una palmada en la mejilla con fuerza, y abrió los ojos. Al principio su mirada era muy intensa, pero al reconocerme, sus ojos se suavizaron, como si estuviera soñando, y me miró con una mezcla de tristeza y confusión.
Iba a hablar, pero me abrazó de repente. Murmuró:
—Si el tiempo pudiera detenerse en este momento...
En esos momentos breves de cercanía que tuvimos, yo tambi