Asentí bajo la mirada expectante de Néstor.
Dije: —Si llega ese día, estaría dispuesta a intentarlo contigo.
Vi cómo se alejaba satisfecho, y me dejé caer agotada en el asiento. La mesa llena de comida no despertaba ni el más mínimo apetito en mí.
Néstor veía las cosas con demasiada simplicidad.
Aunque no me consideraba una mala persona, había estado casada, perdí un hijo y era la exesposa de Carlos, un obstáculo que jamás podría superar.
No sabía cuánto tendría que sacrificar Néstor para q