Carmen sonrió y movió ligeramente los labios, diciendo con tono burlón: —Srta. Olivia, ¿no estás siendo demasiado cruel con tus palabras? ¿Acaso tienes celos?
Sonreí y miré a Carmen: —Solo me preocupo por ti, temo que en poco tiempo te deje.
El rostro de Carmen se tornó serio, su mano que descansaba en el brazo de Carlos se apretó con fuerza.
Sin embargo, ella era más sensata que Sara; no gritó ni hizo escándalo. Solo le dijo a Carlos: —Carlos, apúrate, mis padres siguen esperando.
Eso,