Cuanto más nerviosa, más fácil es cometer errores. Quería escapar tan desesperadamente que me olvidé de levantarme la falda y terminé enredándome en ella, cayendo al suelo.
Carmen escuchó el ruido y salió de la habitación corriendo. "¿Te caíste?" exclamó, mientras se acercaba para ayudarme. "Ten cuidado; si te lastimas, a Carlos le va a doler."
Me limpié las lágrimas con fuerza, y al alzar la mirada, le dediqué una sonrisa forzada. Sabía que en ese momento me veía vulnerable, rota en mil pedaz