No podía dormir.
A las tres de la mañana, revisaba el celular y vi una publicación de Sara en sus redes sociales.
Había subido una foto en la que Carlos dormía tranquilamente a su lado.
Tenía los ojos cerrados, su rostro relajado y sereno, muy distinto de la actitud confrontativa que había mostrado conmigo hace un momento, luciendo tan apuesto que parecía una obra de arte en calma.
El borde de las pijamas de dibujos animados de Sara aparecía junto a su hombro.
Aunque ambos estaban vestidos,