Sara finalmente no pudo contenerse más.
Guardé silencio un momento, retiré mi mano, que ella apretaba con tanta fuerza que ya estaba pálida, y sonreí. —Así que contratar a alguien para herirte y luego culparme a mí… ¿esa también fue tu obra, cierto?
La sonrisa de Sara desapareció y sus ojos se llenaron de malicia mientras decía, con indiferencia: —¿Y si lo fue? Mi hermano jamás pensaría que fui yo. Y aunque lo supiera, él arreglaría todo por mí.
—¿Recuerdas esa vez en la escuela, cuando