— ¿Es… una broma? —Comenté divertido, pero él me miró serio.
— Lo sentí, he sentido un pequeño latido, y me sorprende que el padre de este bebé no se dé cuenta. Es demasiado obvio. —Dijo.
— ¿De qué estás hablando? —Pregunté aterrorizada y empecé a llorar.
— No llores. —Comentó Damián, y me abracé a él.
— Pero te amo, no quiero lastimarte.
— Fue antes de que vinieras a mí, y no te culpo. Los embarazos de los lobos son muy lentos, por eso, no te preocupes. —Dijo.
—Lo siento tanto. —Dije apenada.