La nieve continuaba cayendo en silencio cuando el grupo atravesó el bosque de regreso a la mansión, un velo blanco y persistente que amortiguaba cada paso y convertía el mundo en un lienzo de sombras plateadas mientras que el viento nocturno se había vuelto más cruel e insistente.
Cada ráfaga cortaba como cuchillas de hielo, llevando consigo el aroma metálico de la sangre que impregnaba el aire, Cedric corría en su forma humana, con la mujer inconsciente apretada contra su pecho.
Su cuerpo