La lluvia golpeaba suavemente los altos ventanales de la mansión Haro, deslizando sombras grises y ondulantes sobre los pasillos de mármol mientras el aroma a té de hierbas, madera húmeda y el leve humo de la chimenea flotaba en el aire como un velo protector. Lyra caminaba por el corredor principal con pasos lentos y medidos, casi silenciosos. Una mano descansaba inconscientemente sobre su vientre aún plano, los dedos extendidos en un gesto protector que se había vuelto tan automático como res