Las puertas del salón principal se abrieron ante Ronan sin necesidad de anuncio alguno. Su mera presencia bastaba, Lyra caminaba en silencio, envuelta en una calma que no era paz, sino un agotamiento profundo que calaba hasta los huesos y el alma, Cedric fue el primero en aparecer desde las sombras del pasillo largo. Ya no quedaba ni rastro de su habitual sonrisa torcida ni de esa arrogancia ligera que solía usar como escudo.
Su rostro estaba serio, endurecido por las horas de combate, y sus