Lyra despertó antes que él.
No supo exactamente qué había provocado que sus ojos se abrieran. Tal vez el silencio profundo de la madrugada, o el leve sonido del viento que comenzaba a agitar los árboles más allá de las ventanas de la mansión.
Durante unos segundos permaneció inmóvil, cerrando sus ojos y consciente únicamente de dos cosas: calor, y un olor profundo que la envolvía. Cuando finalmente abrió los ojos, tardó un instante en recordar dónde estaba.
El techo alto de la habitación