Saúl se burlaba de Maya, mientras ella le miraba con furia, con el rostro enrojecido de la rabia que sentía
—¡Deja de reírte!
—¡Y cómo no, mujer! Mira lo que hiciste, te cortaste la muñeca y todo para nada, al final, Richard no te hizo caso, ni Carolina tampoco —dijo riendo de ella—. ¿Ahora qué harás?
—¿Qué haré? Esperar.
—¿Esperar? —exclamó él mirándola como si ella hubiese enloquecido—. Pero, no te das cuenta de que él ahora está muy feliz con la esposa, si lo dejas así, corres el riesgo d