Carolina y Richard paseaban en el yate, observaban el hermoso atardecer, y la quietud del mar, él la abrazaba, mientras bebían dos copas de champagne, él besó sus labios con amor
—¿Acaso hoy te dije que te amo con locura? —exclamó Richard y Carolina sonrió, sentándose en su regazo
—Lo dices todo el tiempo, yo también te amo, he aprendido a hacerlo —ella besó sus labios con dulzura y amor, de verdad vivían un idilio maravilloso
—Quiero que, a partir de ya, vengas a trabajar conmigo, que diseñe