—Pero, ¡¿Puede ser verdad? —exclamó Rachel dudosa, Carolina la miró como si fuera una pesadilla, realmente era una pesadilla soportar a esa mujer que solo destilaba odio y veneno en su contra
—Claro que lo es —dijo muy segura—. Ya lo ha dicho su propio hijo.
Rachel sintió como si le hubiesen lanzado agua helada encima, ahora sabía la verdad, ella debía una disculpa, y Carolina Donelli volvía a estar limpia como siempre, pero cuando la miró sintió odio, demasiado, sentía que, de todos modos, m