—Señora, entienda, por favor, ¡Debe calmarse! —exclamó la enfermera, al escuchar la desesperación y altanería de esa mujer, ante ella
—¡Esa niña es mi nieta! Quiero que me la entreguen, debo llevármela —sentenció la mujer con furia y firmeza
—No hay forma en que la niña le sea entregada, ni siquiera tiene sus apellidos, debe demostrar que es su nieta, además, en todo caso, debe ser el padre quien venga por ella, así que se calma o la mando a sacar del hospital, este lugar no es para semejante e