No podía concentrarme en mi trabajo, perdí, incluso un par de clientes por una discusiones tontas y eso la molestó mucho a Alondra.
-Estás fuera de órbita, mujer, o vuelves a poner los pies sobre la tierra o tendré que darte una buena tunda-, me amenazó.
Ya no eran varias noches que escuchaba tintinear las tazas y los platos, también esa canción que ahora detestaba y que rebotaba en mis tímpanos, una y otra vez, como horripilantes campanadas que me atormentaban y molían mis sesos, "dime q