Capítulo 59

Si ir a la playa fue raro, más extraño resultó cuando fuimos a bailar, también a comer en un restaurante e incluso al cine. Rudolph había perdido, por completo, el miedo y quería pasarla bien conmigo, paseando, caminando, bailando y comiendo como si estuviera vivito y coleando.

A mí no me importaba que la gente me miraba hablando sola, riéndome, celebrando o besando al aire. Yo era muy dichosa en los brazos de mi marido, disfrutando de sus labios y arder en el fuego que me provocaban sus ca
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