Rudolph salió al fin del mar y me tomó de la cintura. -Te amo, te amo mucho, Patricia-, me dijo y yo, encandilada, me colgué de su cuello y sin importarme el cacheteo de las olas, lo besé en la boca con desenfreno, muy febril y apasionada, feliz de tenerlo a mi lado, de poder disfrutar de ese momento entre las aguas, chapoteando dichosos, sucumbidos por nuestro profundo amor.
-Está besando el aire-, descolgó su quijada un tipo viéndome besar a la nada, abrazada al vacío.
-Pobrecita, le fa