Otra noche fuimos a comer. -No puedes pedir nada o de lo contrario el mozo me tomará de loca-, le advertí a Rudolph, pero él ya tenía un buen plan. Fuimos a un restaurante exclusivo, muy elegante y distinguido en el centro de la ciudad. -Pide una gran porción de calamares-, me exigió él, cuando nos ubicamos en una pequeña mesa en un rincón tranquilo, rodeado de jarrones artísticos y plantas ornamentales.
-No podré comerme tanto-, me molesté, pero él no me hizo caso. -Yo sí tengo mucha hamb