Sebastián me llamó para tomar un café en un restaurante cercano a la agencia. -Estoy con mucho trabajo-, le dije fastidiada. Era cierto. Debíamos editar unas imágenes de video de una gran campaña antirrábica que se haría en la ciudad y Alondra y yo estábamos desde temprano en la oficina, cortando y recortando los videos que hicimos con los veterinarios y una infinidad de perritos.
-¿Me estás evadiendo?-, se molestó Sebas, con aires dominantes de alfa todopoderoso.
-No, no, no, simplemente q