Luego de cumplir con nuestro trabajo en las locaciones donde se hacía la telenovela que debíamos publicitar, fuimos a la agencia a editar las fotos y los videos y nos quedamos trabajando hasta cerca de las once de la noche. Entonces recién fuimos a mi casa. Alondra, ésta vez, no estaba ni nerviosa ni impaciente ni asustada ni sumida en el pánico y por el contrario se le veía tranquila, serena y decidida a resolver el misterio de mi marido muerto.
-A Rudolph le dará gusto verte y hablar co