En esos días, Alondra pensaba haber encontrado la felicidad con Joan. Él, luego de haberla conocido en esa fiesta, la invitaba a pasear, ir al cine, a bailar y a divertirse, religiosamente los fines de semana. Viajaban incluso y hasta hacían locuras como lanzarse en paracaídas, practicar caza submarina y volar por los aires con areneros en la playa, espantando a los bañistas.
De repente, Alondra se enamoró de Joan, enceguecida de su encanto, sus locuras y la forma tan desenfadada en que vi