Después de ver una película romántica, Alondra y yo nos metimos a la cama tomadas de las manos. -No te vayas a dormir-, le pedí a mi amiga y ella riéndose me dijo, -aquí estaré, bebita-, pero, sin embargo, a los pocos minutos se quedó profundamente dormida. Me molesté.
-Valiente ayuda que me da, ésta mujer-, moví la cabeza aturdida.
No pude dormir. Por más que cerré los ojos, conté ovejas, recordé chistes o inventé una novela de amor, no pude conciliar el sueño. Estaba asustada, en realid