En ese momento que perdía la conciencia, agonizaba y que desfallecía irremediablemente, recordé al pez arowana. -¡¡¡Tú me prometiste que Rudolph volvería!!! ¡¡¡Cumple tu promesa, pez arowana!!! ¡¡¡No me defraudes ni me hagas pensar que eres un gran fraude!!!-, aullé con las últimas fuerzas que me quedaban.
Yo estaba segura que iba a morir junto a mis bebés y eso me frustraba, me hacía sentir aterrada y defraudada conmigo mismo y me aferraba a la idea de que tan soplo mi marido podría salvar