El cuarto de los bebés, con sus tres cunitas, los juguetes, las cómodas con las ropitas, las cortinas, los dibujos y pegatines de jirafas y los parlantes con la música suave y apacible, ya estaba listo, bien ambientado, iluminado y ventilado, pintadito de rosado, cuando me vinieron las contracciones y los intensos dolores de parto. Eso fue, exactamente a las 8 y 23 de la mañana, cuando con Judith terminamos de colgar los mosquiteros. La primera contracción la sentí como un estrujón fortísimo qu