Alondra llegó de su luna de miel un miércoles por la tarde, cuando yo ya tenía tres semanas de embarazo. Ella se enconraba recién en su primer mes de gestación. Apenas entró a la oficina y me vio con mis ojitos brillando, la sonrisa larga y blanca, mi carita de fiesta y mis mejillas totalmente sonrojadas, lo adivinó de inmediato.
-¡¡¡Noooooo!!!-, dijo eufórica, desorbitando los ojos, erizando sus pelos y pegndo brincos como una conejita.
-¡¡¡Síiiiii!!!-, le grité yo y nos dimos un abrazote