De pronto empezaron a asaltarme feas pesadillas una y otra vez, alterándome, sacándome de mis cabales, haciéndome sentir asustada y temerosa. Escuchaba tosidos horribles retumbando en mis oídos, martillando mis sesos, golpeando mi cráneo y desatando muchos truenos que me aterraban y me sobrecogían, incluso desataban mi llanto incontrolable. Muchas veces me despertaba pasmada, sudando, parpadeando de prisa y sin poder respirar. Sentía como un ahogo que me hacía sentir fatal. Mi garganta se a