Esa mañana me llamaron a mi móvil autoridades de salud para que me presente de inmediato en sus oficinas. -¿Con quién vive, señorita Pölöskei?-, me preguntaron extrañados cuando me presenté delante de ellos. Fui con Alondra. Yo no sabía lo que estaba pasando, en realidad. -Vivo sola ,¿por qué?-, empecé a inquietarme. Me preguntaron si tenía familia, si trabajaba, qué es lo que hacía y si me había hecho exámenes psicológicos.
Lo que yo tampoco era que el abogado de Sebastián también había re