Tomé mi desayuno muy nerviosa, inquieta bastante eufórica en realidad pensando en cómo decírselo a Rudolph. Lo que yo quería era tener una faena muy romántica con mi marido y luego inseminarme, para de esta forma, coincidir la velada con el tratamiento que me haría George y quedar embarazada, como si en efecto, él, mi marido muerto, fuera el responsable de mi futura e inminente gestación. También debía decírselo a Alondra para que ella, paralelamente, tuviera su noche de amor intensa con Gaston