Por la noche, después que hicimos el amor con mucha intensidad, Rudolph se alzó y me miró largo rato, acariciando mis pelos, enredando sus dedos en mis cabellos. Yo transpiraba aún después de la intensa faena y mordía mis labios, eclipsada y obnubilada después que me hizo suya igual a un volcán en erupción.
-Me equivoqué, Patricia, me dijo, Brown es un buen hombre-
Yo intentaba desacelerar mi corazón, echaba humo por mis narices y las llamas seguían chisporroteando por todos mis poros.