Esa mañana recibí la esperada llamada de George. Yo me había duchado, estaba metida en una bata, me hacía un delicioso hígado frito, ya había comprado pan antes de darme el baño y me haría, además, café con leche porque tenía mucha hambre. La había pasado de maravillas, además, en los brazos de Rudolph, estaba feliz, en realidad, me sentía súper coqueta y femenina y por eso deseaba darme una sabrosa comilona, cuando timbró mi móvil.
-Todo bien, Patricia, los exámenes han salido todos bien, e