24. Sí, claro que quiero.
— Se quedó distrayendo a mi hermano para que no pudiera seguirnos — fue la única respuesta de la chica mientras entrelazaba sus finos dedos entre las hebras del cabello de Bleid — Vamos, me muero por ser tu esposa.
—Yo también me muero por ser tu esposo y poder llamarte mía— respondió Bleid sosteniendo a su pequeña y traviesa luna que en ese momento parecía dispuesta a meterle prisa y lo había conseguido.
Por lo que tras un par de besos y rozar su nariz con la de ella de manera cariñosa, los p