Falcón no pudo un instante en acariciar la húmeda piel de su luna. El sabor dulce de su piel se mezclaba con el abrumador aroma que los rodeaba y sintió que algo más se hacía más dulce. La mujer entre los brazos del lobo no dijo mucho mientras devolvía cada uno de sus besos, cada una de sus caricias y sobre todo lo que más emocionó a Falcón fue la disposición de Emilia.
No había sido aquello su primera intención cuando la dulce chica le pidió que le mostrara su lobo. Aquello había sido una gran