Me quedé con él hasta el domingo por la noche y estaba molida. Apenas había dormido esa noche, cuando nos montamos en su coche a las nueve de la noche todavía podía sentir sus manos por todo mi cuerpo y sus labios en mi piel. El lunes tendría que taparme un par de chupetones pero los había disfrutado como la que más.
Me acarició la pierna a medio camino Iba más lento que de costumbre y había cogido el todoterreno.
—¿Estás bien? —me preguntó.
Yo asentí. ¿Por qué no iba a estarlo? Ah, sí, porq