.22. Confesiones.
Mina.
Como todas las mañanas levantarme temprano para iniciar mi trabajo de cada día. Ya lista me fui a la habitación de Milán para que se arregle he ir al instituto. Cuando entré ya se encontraba despierto mientras mira a sus peces y les da comida.
—¡Buenos días! —saludé detrás de él.
Él niño se giró y me miró —Buenos días, Mina.
—¿Cómo amaneces? —revolví su cabello.
—Bien —sonrió.
—Que bueno, Milo. ¿Ya no sientes picazón en tu cabeza? —inquirí.
Él negó —No.
—Eso es bueno —le regalé una pequeñ