Después del inesperado día de spa, Arthur, Donkan y Adrián regresaron a casa, con los dos niños a cuestas y un semblante agotado, pero Arthur sabía que esa fatiga era solo momentánea. Los niños, a pesar de estar visiblemente cansados, aún mostraban rastros de energía reservada, como si estuvieran a punto de reventar en cualquier momento, dispuestos a hacer más travesuras, a hacer más ruido, a explorar aún más el mundo que les rodeaba. Era algo característico en ellos, una especie de chispa inag