La noche había caído completamente cuando Ethan y Ava llegaron a casa. El cielo era un manto de terciopelo negro salpicado de estrellas titilantes, y el aire tenía esa frescura característica de las noches tranquilas. La mansión, imponente y elegante, estaba en completo silencio, apenas interrumpido por el murmullo del viento que hacía crujir las ramas de los árboles en el extenso jardín. Un par de faroles iluminaban la entrada con una luz tenue, proyectando sombras largas sobre el camino de pi