Ethan soltó a Adrián de su regazo y se quedó unos segundos mirando cómo el niño se acomodaba sobre el pequeño escritorio, dispuesto a continuar con su "trabajo". La tranquilidad de la oficina se interrumpió por el sonido del teléfono móvil de Ethan, vibrando sobre la mesa. Miró la pantalla y vio que era el abogado, era un número conocido que lo conectaba con los detalles más complicados de su vida. Un suspiro escapó de sus labios antes de contestar.
—Buenos días, señor Moreau —saludó el abogado