La casa estaba en silencio cuando Ava se despidió de Adrián. Lo dejó dormido, acurrucado entre las sábanas de su cama, envuelto en un sueño que, esperaba, fuera reparador para el pequeño que parecía cargar con demasiados temores para alguien de tan corta edad. Con un suspiro, Ava cerró la puerta suavemente y, tras un vistazo a la mansión, se alejó de la habitación. Aunque había sido un día largo, su mente no podía dejar de pensar en la tensión que se había ido acumulando entre Adrián y su padr