Ethan observó a Ava mientras la risa de los niños seguía llenando la habitación. Los pequeños corrían y jugaban alrededor, con la energía inagotable que caracteriza a los niños, pero sus risas no lograban desviar por completo su atención. Aunque Ava sonreía, un brillo de cansancio nublaba sus ojos, con un peso invisible que él conocía bien. Era un cansancio profundo, que no venía solo de los días largos, sino de las emociones no procesadas, de las preocupaciones que se acumulaban con el tiempo.