Ethan entreabrió la puerta de su habitación, aún con el sueño pegado a los párpados y una expresión de fastidio mal disimulada. No había dado ni dos pasos fuera cuando un pequeño huracán de emociones lo recibió de golpe.
Allí estaba Adrián, con el ceño fruncido y los brazos cruzados, bloqueando su paso como si fuera un guardia en una misión de suma importancia.
—Papá —lo llamó con un tono grave y acusador—, ¿dónde está Ava?
Ethan, que ya intuía que no se trataba de un simple saludo matutino, se