La cocina era un caos de risas y cuchillos chocando contra los platos mientras el desayuno avanzaba en medio de un ambiente bullicioso. La luz matutina entraba por las grandes ventanas, iluminando la mesa repleta de hot cakes, frutas y tazas de chocolate caliente.
Ethan, con su café negro en una mano y el periódico en la otra, observaba a los niños devorar su desayuno como si hubieran pasado días sin comer.
—¿De dónde sacan tanto apetito? —preguntó con incredulidad, arqueando una ceja.
Adrián,