Parte I: El Golpe en Plena Luz
La brisa vespertina colaba su aliento húmedo entre los rosales del vasto jardín de la mansión. Eran las 3:30 p.m. del 23 de abril; el sol comenzaba a deslizarse hacia el horizonte, proyectando sombras alargadas que se estiraban por el césped como dedos ansiosos. Las columnas de mármol lucían un brillo dorado, y el canto lejano de un ruiseñor rompía el silencio con notas melancólicas.
Dentro, en el salón de doble altura, el aire se sentía espeso. Ava estaba de p