El desayuno transcurrió en silencio, como si el ruido de la vida cotidiana hubiera sido absorbido por la tristeza que pesaba sobre todos los presentes.
Donkan y Adrián, ajenos a la preocupación de los adultos, comieron con entusiasmo, con su energía desbordando el espacio que los rodeaba. Ambos niños, sin comprender completamente la gravedad de la situación, se sumergieron en sus propias conversaciones sobre los planes para el día. Donkan, con su naturaleza curiosa y su mente siempre en movimi